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Sheehan 5

Un derecho inalienable del ser humano es el de la parada o descanso. Esas pausas, esas interrupciones de la actividad son las que posibilitan la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Cuando estoy a punto de perder la cabeza y la gente que me rodea de perder la suya, cuando me siento agobiado por las frustraciones y ansiedades de mi rutina diaria, cuando no vivo mi propia vida, sino que me limito a reaccionar ante las de los demás, me concedo a mi mismo un descanso.

Tanto el trabajador manual como el intelectual, el ama de casa, como la mujer que trabaja, carecen de inmunidad ante la crisis que se inicia al entrar en la quinta década de la vida sin estar preparados para la inexorable realidad de los años que pasan y de las cada vez menos recompensas y gratificaciones que nos aguardan,  intentando averiguar en qué consiste la vida y como vivirla. Lo que implica correr riesgos, aceptar desafíos, llegar hasta el límite último de nuestras capacidades.

Para mí el desafío último y definitivo es el maratón. Entrenándolo y corriéndolo alcanzo el límite máximo de lo que mi mente, mi corazón, y mi cuerpo puede dar de sí. Es para mí lo mismo que la desnuda cara de una montaña para el escalador.

He elegido el mes de abril por sus numerosos maratones “el mes más cruel que cría lilas en la tierra muerta mezclando memoria y deseo”.  Abril tan impredecible, pero sin embargo tan lleno de promesas y esperanza.  Atrás ha quedado el duro y largo entrenamiento en las frías y gélidas mañanas de invierno. Ante él ¿un día perfecto y un maratón perfecto?

Aprendí cuanto puede aguantar el cuerpo humano después de haber corrido varias maratones. Uno no sabe lo que es el dolor hasta haber corrido los 34 o 35 primeros kilómetros. El dolor es infernal. Daría cualquier cosa por abandonar pero mi mente y mi voluntad, ajenas a las protestas de todo mi cuerpo, me exigen que siga corriendo. Solo en esos momentos me acuerdo de lo malo que fue el anterior, de lo mal que lo pase, de lo malo que va hacer ahora y en todo ese tiempo interminable que me queda por recorrer, porque el dolor y la agonía de un maratón nacen de sus 42 kilómetros , no del tipo de recorrido, terreno, viento, humedad o temperatura.

Pero no obstante, antes o después, pensaré en volver a correr otro maratón. No por supuesto mientras mareado me dan la mochila en los vestuarios, o cuando esté tomando una ducha a cuatro patas, o en el largo  y doloroso camino de vuelta a casa pero si antes o después. Esperando el maratón perfecto como la ola perfecta y que todo corredor espera y desea.

Ese día recorrerá todo el camino a la mejor velocidad posible, y cuando alcance la señal de los 34 kilómetros se sentirá como si acabase de empezar y como si el ejercicio hecho no fuese nada más que un precalentamiento. Entonces, y durante esos últimos 8.195 metros se sentirá como si flotara, lleno de fuerza e ímpetu, e incluso una vez acabado, le gustaría seguir corriendo, corriendo y corriendo.  

                                                                                                LSD

 

P.D.  Mucha salud y felicidades para todos en este Nuevo Año 2008

Club de Atletismo Km1 de Ronda