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        Mi corta experiencia

     Yo, como la mayoría de gente, había tenido claro que el deporte, en general, era muy beneficioso para el ser humano: mejora nuestra salud, amplia nuestras relaciones sociales, nos ayuda a perder algún “kilillo” de más, hace que uno se sienta mejor consigo mismo, etc. y demás cosas, que por muy tópicos que sean, no dejan por ello de ser ciertos.

       El deporte siempre había formado parte activa de mi vida: fútbol-sala, natación,  ping-pong, etc. y cuando no podía practicar ninguno de estos deportes, pues me iba a correr, más por el hecho de hacer deporte por los motivos citados antes, que por el que me gustara en realidad. Ahora, a día de hoy, y no sé lo   que podrá pasar en el futuro, el atletismo forma una parte muy importante en mi vida.

       Todo empezó hace un año aproximadamente. Aprovechando las vacaciones de verano, en las  que uno tiene más tiempo, me propuse empezar  a correr de forma regular, y cuando volví de las vacaciones, seguí con ese hábito. Coincidió esa época con el anuncio de la Carrera Urbana de Ronda, en la que decidí participar. El día de esa carrera, descubrí algo nuevo: la Competición. Yo, durante muchos años, había jugado a fútbol-sala a nivel local y provincial, y el objetivo siempre era el mismo: ganar al equipo contrario. Pero en esa carrera, el único enemigo a batir fui yo mismo, me explico: empecé muy fuerte, dejándome llevar por el ritmo de carrera, y a los 10 minutos ya no podía más, y tenía ganas de pararme, pero, ¿cómo iba a abandonar en una carrera de 7 km.?¿qué iba a pensar mi niña, que me estaba esperando  en meta? Entonces, me lo tomé con más tranquilidad y pude recuperarme. Me daba igual quedar el último, lo importante era terminar. Y lo hice. A pesar de pagar la “novatada”, la experiencia fue muy satisfactoria, el ambiente en carrera, y sobre todo, el descubrir un mundo nuevo para mí.

A partir de ahí, seguí corriendo, pero siempre en solitario. Un día, un amigo, me animó para que fuera a correr con él, y con la gente de su Club, el Km. 1. Con ellos, descubrí otra nueva cara de correr:  Formar parte de un grupo de personas con la misma afición y con los que poder compartir, no solo consejos y experiencias, relacionadas con el atletismo, sino también de poder disfrutar de un ambiente de compañerismo, amistad y buen humor. De poder formar parte de un grupo en el que todo el mundo tiene su sitio.

         Llegaron más carreras, cada una de las cuales suponía un nuevo reto y en las que iba viendo mi progresión. Creo, que el ser humano tiene la necesidad de plantearse retos, y en el caso de los que practicamos este deporte, sabemos que así es. Que si bajar de determinada marca, que si llegar en tal puesto, que si terminar la carrera... Esto, a veces, puede llegar a obsesionarnos, teniendo un efecto negativo, pero quien no ha terminado una carrera satisfecho por lo realizado, pero diciendo, el año que viene me preparo con mejor, o si no hubiera hecho esto o lo otro.

         Pero mi verdadero reto fue la Maratón  de Sevilla. Decidí participar, animado por el grupo,  tan solo un mes antes, aunque si es cierto que uno ya tenía una cierta preparación en el cuerpo. Pero empiezas a entrenar y un día no puedes por un motivo, otro día por otro, y esto unido a  mi falta de experiencia por no haber hecho nunca una carrera de este tipo, empiezas a tener serias dudas a medida que se acerca la fecha de la carrera. Y llegó ese día, y mi falta de experiencia y mi corta preparación, aunque sea paradójico, jugaron a mi favor. Al no estar convencido de que podía lograrlo, me había planteado sobre todo disfrutar de la carrera. Tenía claro que podría haber otras maratones y no quería “reventarme” en esta terminándola, si esto suponía aborrecer a las maratones en el futuro. El salir con esa actitud, junto con la inapreciable compañía de los compañeros del Club con los que coincidí en carrera, hizo que los kilómetros fueran pasando uno a uno, y que me fuera sintiendo muy cómodo. A media carrera, decidí reservar fuerzas para el final, lo cual la verdad me vino bien, porque en la parte final me empezaron a doler las rodillas y se me hizo bastante largo. En esos momentos piensas, esta es la última carrera de este tipo que hago, pero a los 10 minutos de terminar, ya estás pensando en la del año que viene.  Aprendí a que hay que intentar conocer nuestras limitaciones, y que, como en la vida, para llegar a donde quieres hay que sufrir antes y hay que estar preparado para ello. Pero, quien me iba a decir a mí, uno meses antes, que iba a correr un maratón. Por eso, cuando sale el tema con amigos que no lo ven como algo inalcanzable, les animo y les digo que todo es cuestión de constancia y esfuerzo,  no hay que ser un superdotado. Además, la sensación que tienes al cruzar la meta lo compensa todo.

Desde entonces, sigo corriendo. A veces solo, a veces en grupo. A veces mas tiempo, a veces menos. A veces por la tarde, a veces por la mañana. No todo el mundo nos comprende. Cuando salgo alguna mañana a correr, antes de ir a trabajar, y dices: ¡Buenos días!,  a gente que se tiene que hacer una hora de coche para llegar a la obra en la Costa, te dicen con sus miradas: ¡Hay que tener ganas! Normal, yo también pensaba así, pero a los que corremos, como tú y como yo, sabemos por qué lo hacemos y, lo que es mejor, no tenemos que decir ni una sola palabra que explicarlo.

                                                                                JMO

 

Club de Atletismo Km1 de Ronda